
Escribo estas líneas por la polémica suscitada por la presencia de homosexuales en las franjas de las candidaturas presidenciales. No se trata de perseguir o discriminar a nadie, sino de evitar la trivialización de esta realidad con fines meramente electorales.
El tema de la homosexualidad es un tema complejo, y
por ello, si se desea analizarlo desde el punto de vista de la mirada
cristiana, debe hacerse con apego a dos principios fundamentales: la
caridad y la verdad. Desde esta mirada, lo que la antropología
cristiana indica es que el homosexualismo es una grave enfermedad
psicológica, que implica un trastorno en el comportamiento sexual de
las personas que la padecen. Por ello no es una tercera opción, que
puede equipararse a la de un hombre o mujer heterosexual. Desde el
punto de vista de la caridad, las personas que la padecen merecen todo
nuestro respeto, y más aún, la obligación de ir en su ayuda.
En la medida en que la sociedad presente el homosexualismo como una
opción válida más, es altamente probable que más personas deriven a
conductas homosexuales, lo que solo llevará a agravar el problema. Es
sabido que en la adolescencia, especialmente entre los varones, hay
etapas de indefinición sexual, que pueden derivar hacia el
homosexualismo si esos jóvenes viven expuestos a una cultura que dice
que da lo mismo la orientación sexual.
Pedro Gazmuri S.
Profesor universitario




































































